¿QUÉ ES EMDR?

E.M.D.R. (acrónimo en inglés de Eye Movement Desensitization and Reprocessing), es una técnica terapéutica utilizada para desensibilizar y reprocesar traumas psicológicos de una manera natural, rápida y adaptativa.

El método fue creado en 1987 por la Dra. Francine Shapiro quien descubrió que los movimientos oculares voluntarios reducían la intensidad de la angustia de los pensamientos negativos, y ha sido desarrollado desde entonces por numerosos terapeutas especializados en todo el mundo siendo actualmente reconocida como la psicoterapia más efectiva para el tratamiento de los efectos del trauma por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Asociación Americana de Psiquiatría y por el National Institute for Health and Care Excellence de Inglaterra. En Octubre de 2010 E.M.D.R. fue reconocido como una Psicoterapia basada en la evidencia, recibiendo el más alto sello de aprobación dado por el National Registry of Evidence- based Programs and Practices (NREPP).

E.M.D.R. se ha demostrado eficaz no sólo en el Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT), sino también en el tratamiento de diversos trastornos (ansiedad, fobias, adicciones, depresión, duelos, obsesiones, trastornos alimentarios, dolor crónico, trastornos psicosomáticos etc.). También se usa para aliviar la angustia y ansiedad anticipatoria ante situaciones como hablar en público, consultas y/o pruebas médicas, exámenes, o para mejorar el rendimiento en el trabajo, en los deportes y en las interpretaciones artísticas. E.M.D.R. es un modelo complejo de intervención en psicoterapia que utiliza la estimulación bilateral de los hemisferios cerebrales ya sea mediante movimientos oculares o con sonidos o toques (tapping), con los que se estimula un hemisferio cerebral por vez, facilitando la conexión entre los dos hemisferios y logrando el procesamiento de la información y la disminución de la carga emocional.

¿Por qué y cómo funciona?

Muchas de las disfunciones que podemos sufrir en la actualidad han tenido su origen en traumas de diferente nivel, todos los sucesos adversos de la vida son susceptibles de producir impacto traumático, desde desastres naturales, guerras, accidentes, abusos, etc., hasta otros hechos aparentemente de menor importancia como desprotección, humillación, cambio de roles en la familia, etc., que pueden afectar la salud, la seguridad y el bienestar de la persona, de manera que ésta puede llegar a desarrollar creencias falsas y destructivas de sí misma y del mundo, lo que interfiere en su bienestar y calidad de vida.

El ser humano posee un sistema innato de procesamiento de la información orientado a que la persona reorganice sus respuestas ante acontecimientos perturbadores de la vida para que se llegue a un estado de resolución adaptativa, con el objetivo de la auto-curación.

Durante la vivencia de un hecho traumático ese sistema innato de procesamiento de la información puede bloquearse aislando las informaciones respecto al trauma, cerrándolas en una red neuronal con las mismas emociones, creencias y sensaciones físicas que existían en el momento del hecho. El hecho traumático queda aislado del resto de la red neuronal de la persona y no se integra con el sistema innato que empuja a cada uno hacia la auto-curación por lo que la información queda sin procesar y almacenada disfuncionalmente.

EMDR está enfocado a reprocesar esa información que no pudo ser procesada en el momento traumático para integrarla en el momento presente de una forma sana y adaptativa, de manera que pueda asimilarse la experiencia y así poder recordar el evento traumático con el menor dolor posible. De esta forma, el recuerdo traumático deja de afectarnos en el presente.

Extraído del libro “Curación Emocional” de D. Servan-Schreiber

…Los sucesos dolorosos dejan marcas profundas en nuestro cerebro, son cicatrices que no se borran con facilidad. Y no sólo ocurre con los llamados traumatismos con “T” mayúscula, como una violación, una agresión o un desastre natural, todos podemos haber sufrido múltiples traumatismos con “t” minúscula, como la humillación de un profesor, el abandono de una pareja, la pérdida del empleo etc. En todas estas situaciones se sabe perfectamente lo que debería sentirse ahora que lo hemos dejado atrás, podemos saber que no corremos peligro, o que somos personas válidas, o que sí somos queribles, lo sabemos sí, pero no lo sentimos así. Todo sucede como si las partes del cerebro cognitivo que contienen todo el saber apropiado no llegasen a entrar en contacto con las zonas del cerebro emocional marcadas por el traumatismo, que continúan evocando las emociones dolorosas.

La idea de partida del EMDR es precisamente que en cada uno de nosotros existe un mecanismo de digestión de los traumatismos emocionales, es el llamado “sistema adaptativo de tratamiento de información”. De la misma manera que el sistema digestivo absorbe de los alimentos lo que es útil y necesario para el organismo, y rechaza el resto, el sistema nervioso extrae la información útil sobre el suceso ocurrido y en pocos días se desembaraza de las emociones, los pensamientos y la activación fisiológica que dejan de ser necesarios una vez que el acontecimiento ha pasado. El organismo ha necesitado un tiempo para recuperar el equilibrio, la homeostasis, y sale reforzado, habrá aprendido algo y dispondrá de nuevos recursos.

Pero en ciertas circunstancias el sistema adaptativo de tratamiento de la información puede desbordarse ante acontecimientos graves o ante a los que somos especialmente vulnerables en el momento en el que se producen. En lugar de ser digerida, la información concerniente al traumatismo permanece bloqueada en el sistema nervioso, grabada en su forma inicial. Las imágenes, pensamientos, sonidos, olores, emociones, sensaciones corporales y las convicciones que se extraen de uno mismo quedan almacenados en un sistema neuronal, que queda anclado en el cerebro emocional y desconectado del conocimiento racional, de modo que se convierte en un paquete de información no tratada y disfuncional que el menor recuerdo del traumatismo inicial puede reactivar: cualquier imagen, sonido, olor, emoción, pensamiento o sensación física que se parezca a la circunstancia del suceso traumático puede desencadenar el recuerdo de la totalidad de la experiencia almacenada de manera disfuncional.

La fuerza del método EMDR radica en que en primer lugar evoca el recuerdo traumático con todos sus distintos componentes (visual, emocional, cognitivo y físico), y después estimula “el sistema adaptativo de tratamiento de la información” que hasta ese momento no había conseguido digerir la huella disfuncional. Los movimientos oculares comparables a los que se producen espontáneamente durante el sueño suponen un mecanismo natural que acelera la curación tras un traumatismo psicológico. Los pacientes van atravesando una vasta red de recuerdos ligados entre sí mediante distintos fragmentos, todo sucede como si los movimientos oculares facilitasen un rápido acceso a todos los canales de asociación conectados a un recuerdo traumático determinado por el tratamiento. A medida que se activan dichos canales pueden conectarse a los sistemas cognitivos que a su vez contienen la información anclada en el presente. Gracias a esta conexión, la perspectiva del adulto, que hoy ya no es impotente, ni está sometido a los peligros del pasado, acaba por hacer pie en el cerebro emocional. Entonces puede sustituirse la impresión neurológica de miedo o de la desesperación, y cuando se la reemplaza acaba siendo eliminada por completo…